Los Cerros del Teatro me llevan a Úbeda.

Los Cerros del Teatro te llevan a Úbeda.
Los Cerros del Teatro nos llevan a Úbeda.

EUSEBIO CALONGE


martes, 16 de octubre de 2012

LA ZARANDA, TEATRO INESTABLE DE ANDALUCÍA LA BAJA





La Zaranda, Premio Nacional de Teatro 2010, no es un lujo de la escena española: es el lujo, el gran lujo, del teatro español de la segunda mitad del siglo XX y de lo que llevamos andado del XXI. Es, a la par, la más internacional de las compañías españolas y la que con más pureza recoge y sintetiza la tradición teatral hispánica. En La Zaranda están nuestros clásicos de todos los tiempos, desde La Celestina hasta Lorca pasando por Lope, Tirso o Valle. En más de treinta años de vida han girado por los escenarios de Europa y América más de una docena de obras: es difícil encontrar nada en el mundo del teatro de lo que se hayan escritos elogios tan contundentes, tan rotundos, tan unánimes. Los públicos más selectos y exigentes de Francia, Italia, Estados Unidos, de todos los países hispanoamericanos y, por supuesto, de España, se han rendido sin condiciones ante la magia de La Zaranda.

El origen de La Zaranda se remonta a los años 70. Entonces, tras un cúmulo de experiencias individuales, los actores de La Zaranda se encuentran en 1978 y deciden condensar todas sus experiencias en un trabajo conjunto. Partían de la premisa de querer conducir a la obra teatral hasta ese punto de tensión en que drama y vida confluyen, de negar toda concesión al teatro muerto con todos sus academicismos evidentes y al teatro de las falsas vanguardias, con patente de modernidad aplicadas al decorativismo más banal y la esclerosis, que no conduce más que al bostezo. Nació así un teatro tremenda plástico y lírico, un teatro clásico y vanguardista a partes iguales, con una personalidad definidísima, un teatro sometido por su autor, su director y sus autores a la permanente tensión de la creación. Como resultas de esa vocación artística el teatro de La Zaranda es un teatro culto y tremendamente popular, un teatro difícil, que exige un esfuerzo estético y lírico por parte del espectador: las obras de La Zaranda atrapan al público como la tela de una araña, y cuando la función termina, uno se siente aplastado en el sillón, como si todo lo existente se hubiese adueñado de sus fibras más íntimas. Los aficionados ubetenses que han estado presentes en sus anteriores representaciones pueden dar buena fe de esa transformación espiritual que el teatro de La Zaranda opera en quienes lo presencian.

A lo largo de los últimos años, La Zaranda ha puesto en escena una docena de espectáculos, entre los que destacan Los Tinglaos de Maricastaña (1983), Marimeneo Marimeneo (1985), Perdonen la Tristeza (1992), La Puerta Estrecha (2000) o Futuros Difuntos (2008). En tres ocasiones ha estado La Zaranda presente en Úbeda: el 26 de septiembre de 2000 con La Puerta Estrecha, el 13 de diciembre de 2003 con Ni sombra de lo que fuimos y el 27 de enero de 2007 con Los que ríen los últimos. La presencia de esta compañía jerezana sirve para prestigiar tanto la Muestra de Teatro de Otoño como las tablas del Teatro Ideal Cinema. No en vano, desde que en 1985 La Zaranda saliera de España por vez primera para participar en el Festival Internacional de Teatro de Montevideo, en el Berlín-Kultursdadt Europeas o en el Festival Latino de Nueva York, esta compañía ha estado presente en todos los grandes encuentros teatrales del mundo (Festival Iberoamericano de Cádiz, Festival Internacional de Teatro de Caracas, Festival Quijote de París, International Hispanic Theatre Festival Miami, Festival Internacional de Nantes, Festival Internacional de L’Aquila de Italia, Festival de Expresao Ibérica de Oporto, Bienal Internacional de Bonn, Festival Latino de Managua, Festival Mira de Tolouse) y en los teatros más prestigiosos (Gran Teatro de la Habana, Teatro Reforma de México D.F., Teatro Nacional de El Salvador, Teatro Nacional Cervantes de Buenos Aires, Centro Nacional de las Artes de México, Théâtre Sorano de Tolouse o en el Teatro Nacional Solís de Montevideo) de Europa y América.

(NADIE LO QUIERE CREER, La patria de los espectros, de Eusebio Calonge, se representará en el Teatro Ideal Cinema el próximo sábado 20 de octubre a las 21:30 horas)

lunes, 15 de octubre de 2012

EL PEQUEÑO TEATRO UBETENSE





Soy de los que creen muy de veras que al teatro hay que ir no sólo para distraerse o divertirse sino también para tratar de enriquecer el espíritu en la medida de los posible”. Con estas palabras escribía Juan Enrique García-Blanca Roa la carta de presentación del Pequeño Teatro Ubetense en el Programa de la VII Muestra de Teatro de Otoño. Corría el año 2001, y el Pequeño Teatro había sido creado un año antes por García-Blanca inspirándose en el Piccolo Teatro de Milán. Esta inspiración ha servido para que se escribiese del Pequeño Teatro Ubetense que “viene a llenar un cierto vacío, dado que otras compañías ubetenses se dedican al teatro religioso o a la producción meramente española, y este Pequeño Teatro Ubetense tiene por objetivo promocionar en Úbeda en el teatro europeo y el teatro de creación propiamente dicho”. Desde esa máxima, el creador del Pequeño Teatro Ubetense y alma mater del mismo, Juan Enrique García-Blanca (que durante muchos años ha trabajado en Francia, donde se formó como dramaturgo) se ha dedicado desde sus inicios bien a crear las obras que su compañía representaba bien a reinterpretar textos de autores como Molière, Colin Higgins o, el pasado sábado, Edward Albee.

Por las filas del Pequeño Teatro Ubetense han pasado hombres y mujeres muy implicados en la vida cultural de Úbeda. Pepe Dueñas, Paquita Moya, José Manuel Fuentes, Mariano Valcárcel, Belén Argumosa, Pepe Fuentes, Juan Manuel Garrido o Cati Ramírez son sólo algunos de esos nombres que a lo largo de doce años de vida han puesto sobre las tablas del Ideal Cinema o del Auditorio del Hospital de Santiago más de diez obras distintas, todas ellas debidas a la pluma de García-Blanca, entre las que destacan Esas locas cabecitas cuadradas, El casamiento forzoso o La familia ideal. Además de participar en la Muestra de Teatro de Otoño, el Pequeño Teatro Ubetense ha representado sus obras a beneficio de organizaciones benéficas y cofradías y ha formado parte de las programaciones culturales de Navidad.

En la Muestra de Teatro de Otoño, el Pequeño Teatro Ubetense de Juan Enrique García-Blanca Roa debutó el 26 de septiembre de 2001 con Un ricachón andaluz (inspirada en una idea de Molière). El 25 de septiembre de 202 volvió a interpretar una obra del genio francés: Tartufo o El Impostor, en versión de García-Blanca. El 30 de septiembre de 2005 (en una función homenaje a Pepe Dueñas, fallecido el mes de agosto anterior) ponían en escena Harold y Maude, escrita por Juan Enrique García-Blanca inspirándose en la novela homónima de Colin Higgins. El 29 de septiembre de 2006 representaban Historias de Familia, y a La Tapadera le llegó el turno el 28 de septiembre de 2008 y el 26 de septiembre de 2009. El 26 de septiembre de 2010 el Pequeño Teatro Ubetense representó Eróticamente femenina y el 25 de septiembre de 2010 La cisterna mágica o la nalga floja. La noche del sábado pusieron en escena la versión que Juan Enrique García-Blanca ha hecho de un texto ya mítico en el teatro contemporáneo: LA CABRA (O ¿QUIÉN ES SYLVIA?), de Edward Albee. Como era de esperar, el público salió de la sala impactado por la obra y encantado con el trabajo del Pequeño Teatro Ubetense.

domingo, 14 de octubre de 2012

LA LENGUA EN PEDAZOS





Teresa está sentada. En el teatro resuena sólo el golpe monótono del cuchillo cuando cae sobre la mesa tras haber partido la cebolla. Entra en la cocina un oficial de la Inquisición: viene a juzgar la obra que Teresa de Jesús ha principiado al abandonar el monasterio de la Encarnación para fundar el de San José —cuna de la reforma carmelitana—, viene a cortar de raíz la protesta espiritual del recién nacido Carmen Descalzo. Habla el Inquisidor y Teresa se encoge con temor, que está arrugada incluso cuando se pone de pie con su pobre indumentaria de monja que rechaza la vida lujosa de las carmelitas calzadas. Se le nota a Teresa el miedo en la voz, vacilante: sabe que el Inquisidor tiene poder suficiente para enviarla al potro de tortura y a la hoguera si se niega a volver a la obediencia del Carmen Calzado.

Y sin embargo la voz trémula de Teresa va rompiendo poco a poco el discurso pétreo con el que el Inquisidor quiere acorralarla para que renuncie a su proyecto. Más aún: el Inquisidor quiere doblegarla, partirla, vencerla, porque intuye en Teresa una amenaza terrible para el poder establecido, para la religión cosificada y ritualizada que reduce la fe a mercadeo de almas. Pero Teresa se revuelve: su voz es la de una mujer que conoce el duro papel que obliga el mundo a representar a las mujeres y que, sin embargo, no se resiste a aceptar ese sometimiento ni esa humillación. La carne de Teresa tiene miedo y tiembla, pero su voz suena pura, decidida. “A poco que hagamos las mujeres, se juzga exceso lo que hagamos”, dice Teresa cuando el fuego que abrasa su interior ha consumido todos los argumentos del Inquisidor. “Nos tiene el mundo acorraladas, mariposas cargadas de cadenas” recita Teresa cuando las palabras sin alma del Inquisidor no han bastado para doblegar su voluntad radicalmente libre, que sólo el tormento y la muerte podrían apagar ese ansia de elevación. Pero el Inquisidor no está dispuesto a llegar tan lejos: él es un hombre de seguridades, un puro de certezas inquebrantables capaz de hundir el mundo si así lo manda la ortodoxia, él cree que el sufrimiento se justifica si redime; pero él no va a llevar a Teresa a la hoguera, porque cree que su locura espiritual es ya una condena y que poco a poco se irá quedando sola en su Carmen Descalzo. Al final de la obra, el Inquisidor piensa que su decisión —dejar a Teresa sola con su “pequeño Dios”, para que sola muera— es un castigo terrible contra la monja rebelde, pero la única realidad es que Teresa y su espíritu indomable han vencido al Inquisidor.

Este es el argumento de La lengua en pedazos, una obra de Juan Mayorga que representó en Úbeda el 1 de octubre, con una interpretación sobrecogedora de Clara Sanchís y de Pedro Miguel Martínez.. Ha escrito Mayorga un texto bellísimo, que destila clasicismo y amor por la lengua y que contiene un mensaje demoledor, incómodo para los que nunca se cuestionan nada, un mensaje urgente y actual. La lengua en pedazos es una obra de temática religiosa, un intento de renovación eclesial —“la Iglesia ha de ser casa de iguales”—, un intento de hacernos ver que el único Dios verdadero es el que, estando entre pucheros, se enreda en la maquinaria de nuestra vida cotidiana y se nos hace cercano al corazón, un Dios pequeño que entiende las palabras pequeñas de nuestro día a día. Pero la obra de Mayorga es sobre todo un pregón de humanidad, una reivindicación del papel transformador de la mujer, una proclama a favor del derecho a dudar y del derecho a ser libres y a luchar por un mundo hecho a imagen de los justos. La lengua en pedazos sirve para estos tiempos negros en los que hay que defender el pan y la alegría de la furia de los inquisidores: “La lengua está en pedazos y es sólo el amor el que habla”. Es Teresa, que se dirige a nosotros, que estamos hechos pedazos, y se nos pone como ejemplo para que no escuchemos los cantos de sirena del poder, porque vivimos un tiempo en que “se llama desorden a lo que es espíritu”.

(MANUEL MADRID DELGADO, Diario IDEAL, 12 de octubre de 2012)

sábado, 13 de octubre de 2012

EL TEATRO UN AÑO MÁS





Un año más la obra está lista, el estreno es inminente. Murmullos emocionados flotan en el aire. La farsa se adorna con palabras hermosas, saineteras, dramáticas y cómicas. Los actores, nerviosos, saben que encima del escenario todo es verdad y que la última mentira, tal vez, se encuentra escondida en el patio de butacas.

Un año más gallitos carteles anuncian la temporada de teatro desde el frontispicio del Ideal Cinema. Tienen la reverberación ilusionada de la noticia, no por repetida menos mágica, de que ha llegado a Ubeda lo más real de su feria. Digo esto porque hace unos días me desconcertó leer en el periódico que a las nuevas generaciones de españoles, entre los que se incluyen algunos intelectuales, no les gusta el teatro porque no se lo creen. Parece ser que una obra de teatro les parece más increíble que una multimillonaria producción de cine llena de efectos especiales. Bien sabe el sabio que todo es posible y sólo los necios piensan que no.

Haciendo un ejercicio de comprensión, a mí me parece que lo que no se creen estos primos es el hecho teatral en sí mismo. Es decir, les parece una cosa poco racional que unas personas, a las que probablemente conocen, se suban a un escenario y les cuenten una historia, así por las buenas, delante de sus narices. Parece ser que esta cercanía provoca que la historia se vuelva inverosímil, Deberían darse cuenta de que lo más verdadero que tenemos, la vida misma, la llevamos pegada a la piel.

Me temo que en el mundo del espectáculo se ha descartado ya cualquier interés imaginativo en favor de la evidencia más insolente. El cine es esencial en mi vida, pero reconozco que el teatro me permite gozar más serena y seguramente más lúcidamente de las historias. Alguno de los mejores ratos que he pasado han sido en el Ideal Cinema viendo las obras de las compañías locales, porque me da lo mismo que los actores sean vecinos míos y que lo haya visto una hora antes del estreno atendiendo a su negocio o paseando por la calle, lo que verdaderamente me importa es el grado de pasión y de entrega que emplean en darle vida a sus personajes. Si además tenemos en cuenta que la única recompensa que tienen es que vayamos a verlos, esa verdad de la que hablo se hace a todas luces incuestionable.

¿No están ustedes hartos de tanta mentira? Llevamos meses, años enteros, metidos hasta el cuello en el fango de las falsedades. Por eso, déjenme al menos creer en algo fiable o mejor aún, comprémonos todos la entrada, sentémonos en nuestra butaca y creamos juntos en la mentira verdadera de una obra de teatro.

(LUIS FORONDA, Diario JAÉN, 4 de octubre de 2012)

jueves, 11 de octubre de 2012

LA CABRA (O ¿QUIÉN ES SYLVIA?)





Cuando el 10 de marzo de 2002 se estrenaba LA CABRA (O ¿QUIÉN ES SYLVIA?) en el Golden Theatre de Nueva York, Edward Albee revolucionó, una vez más, el panorama teatral del mundo entero. Porque su obra no iba a dejar indiferente a nadie: no podía hacerlo, tan abrasador era el tema que trataba. Ya en 1962 Albee había escandalizado al público norteamericano con ¿Quién teme a Virginia Wolf? y antes del estreno de LA CABRA había escrito, desafiante, que por fin había escrito la función que lo iba a expulsar del teatro americano, porque se trataba de una obra destinada a conmocionar y molestar a cierto tipo de gente. La obra sin duda causó resquemor en todas las mentes bienpensantes, pero conquistó arrolladoramente a los públicos y a la crítica y en 2002 se hizo con todos los premios que se entregan en Nueva York a la mejor función teatral, incluyendo el Tony, el máximo galardón teatral norteamericano. Y la obra fue candidata al Putlizer, que finalmente no le fue concedido a Albee, ganador del más prestigioso premio del mundo en tres ocasiones.

A partir de ese momento, la obra comenzó a girar por medio mundo, cosechando, a partes iguales, éxitos clamorosos y protestas de los espectadores más noños, que no podían soportar el reto lanzado por Albee, esa deconstrucción de la naturaleza humana de manera devastadora, absurda y provocativa. El más prestigioso crítico teatral británico escribió que se trataba de una obra potente y muy emocionante que lo había dejado hecho polvo.

En España, la obra se estrenó en 2005 bajo la dirección de José María Pou, que había traducido el texto de Albee al catalán y el español. Como había ocurrido en el resto del mundo, se convirtió en un éxito teatral arrollador. El propio Pou dijo que LA CABRA es “una gran lección de teatro, una de las tragedias más grandes de la escena contemporánea.”

Ahora, después de un intenso y encomiable trabajo de traducción desde la versión original, Juan Enrique García-Blanca y el Pequeño Teatro Ubetense le ofrecen al público ubetense una nueva versión de la obra más subversiva y demoledora del teatro internacional del siglo XXI. Una cita ineludible para los que aman sin convenciones ni prejuicios las grandes pasiones que se despliegan sobre las tablas del escenario.

(LA CABRA (O ¿QUIÉN ES SYLVIA?), de Edward Albee –en una nueva versión española de Juan Enrique García-Blanca Roa– se representará en el Teatro Ideal Cinema el próximo sábado 13 de octubre, a las 21:00 horas)

miércoles, 10 de octubre de 2012

EDWARD ALBEE





Edward Franklin Albee es uno de los gigantes del teatro contemporáneo. Nacido en Washington D.C. el 12 de marzo de 1928, con tan solo dos meses de edad fue adoptado por uno de los grandes ejecutivos del teatro norteamericano, Reed A. Albee, propietario de la cadena de teatros de variedades y salas de cine Keith-Albee, y por su esposa Francis. Sus padres le dieron una gran formación intelectual.

Comenzó su carrera literaria escribiendo novelas y poesía, pero pronto se decantó decididamente por el teatro. En 1958 estrenó en la República Federal de Alemania Historia del Zoo. Se trata de una obra simple y muy enigmática que trata sobre la enorme dificultad de comunicación entre los seres humanos. Se ha señalado con justicia que esta obra de Albee recuerda “la desoladora dramaturgia de Ionesco y Beckett”. Ese tono sombrío y esa influencia del teatro europeo estaría presente en sus obras cortas La muerte de Bessie Smith y La caja de arena, escritas entre 1958 y 1959.

Sin embargo, el primer salto a la fama le llegaría con El sueño americano, escrita en 1959, una obra negativa e incluso nihilista –James Baldwin la calificó como “una pesadilla”–, que critica sin piedad la capacidad de alineación de la sociedad estadounidense. En El sueño americano Albee saca a escena el genio agrio y polémico que le acompañará ya durante el resto de su carrera y denuncia como el sueño americano y el ansia de libertad individual son corrompidos por el culto a los ídolos creados por el capitalismo y por la mercantilización de la existencia. Con estas primeras obras, Albee introduce en los Estados Unidos el teatro europeo del absurdo, adaptándolo a la realidad y mentalidad de su país, y reiventa en la década de 1960 –así lo reconocen todos los críticos teatrales– el teatro estadounidense de la postguerra.

Pero la consagración definitiva le llegaría en 1963 con el estreno en Nueva York de ¿Quién tema a Virgina Wolf?, considerada con toda justicia como una de las obras cumbres del teatro de todos los tiempos. En esta obra crudísima Albee ridiculiza el matrimonio burgués con un lenguaje “feroz y punzante”, consiguiendo que su obra se convierta en una de las menos complacientes para con el público de toda la historia del teatro. Pero, con esa paradoja que está presente en todas las obras de Albee, su obra también mueve a la compasión para con los personajes, que es por extensión una compasión para con todo el sufrimiento humano: “El drama humano y psicológico en que se ven envueltas las dos parejas protagonistas mueven a cualquier espectador sensible, a pesar de la dureza de los diálogos, a contemplar la obra con un dejo de piedad.” La obra alcanzó tal popularidad internacional, que en 1966 se hizo una versión cinematográfica de la misma, protagonizada por Richard Burton y Elizabeth Taylor.

En 1967 consiguió su primer Premio Pulitzer con Un equilibrio delicado. El segundo le llegaría en 1975 con Seascape y el tercero en 1994 con Tres mujeres altas, una obra que había escrito en 1991. Para entonces Edward Albee era ya un autor de culto entre los amantes del teatro de todo el mundo, estaba considerado el mejor dramaturgo de su generación junto con Williams y O’Neill y uno de los mejores autores de los últimos cien años, todo ello sin renunciar nunca a la provocación que levanta ampollas en las mentalidades pequeño burguesas y a su carácter rebelde y agrio. Ingredientes todo estos que condensó de manera auténticamente sublime en LA CABRA (o ¿QUIÉN ES SYLVIA?) , posiblemente su obra más perfecta, más dramática, más intensa, más provocativa. Más humana.

lunes, 8 de octubre de 2012

EL FENÓMENO PENEQUE





Los Programas Oficiales de la Feria de San Miguel de las décadas de 1960 y 1970 dan una de cal y otra de arena: hay años en los que detallan minuciosamente toda la programación, y otros en los que al final del Programa, tras centrarse en las actividades”más importantes”, dice sencillamente que habrá circos, compañías de teatro y otras actividades. Así, si más. Por eso los Programas de Feria no nos permiten saber cuándo comenzó realmente la relación de Úbeda con Peneque "El Valiente".

Los títeres habían tenido siempre un papel destacado en la Feria de Úbeda. Desde muy antiguo y hasta la década de 1950 se mantuvo la función de títeres de “la Santa Borracha”, que tenía lugar cada atardecer de Feria primero a la sombra de los muros del monasterio de Santa Clara y luego bajo los soportales del Ayuntamiento Viejo. En la década de 1960 el Ayuntamiento comienza a “preocuparse” por ofrecer actividades específicas para los niños durante la Feria de San Miguel. Y a partir de entonces se programan fiestas consistentes en fuegos artificiales y elevación de “globos y fantoches”, comienzan a venir a Úbeda las Marionetas de Talio y el Petit Guignol. ¿Cuándo viene por vez primera Miguel Pino con su Peneque?

Miguel Pino había comenzado a ganarse la vida con sus títeres en 1959, cuando Peneque tenía su propio programa en una radio pirata de Villanueva de la Serena. Poco después, cuando se dio cuenta del potencial de sus títeres, él y su mujer, con su coche y sin una peseta, se ponían en la puerta de los colegios para actuar delante de los niños que salían de clase. Poco a poco, fue creciendo el fenómeno Peneque y en los años 70 era ya un clásico de las programaciones infantiles en muchos lugares de España. Poco antes de morir, en 2009, señalaba Miguel Pino –un “extremeño de porte aristocrático” afincado en Málaga desde muy joven– que “los programas que hacen hoy en la tele los hacía yo en la radio, y por ciudades y pueblos en directo, junto con las marionetas que participaban en el programa”.

A Úbeda, Miguel Pino debió llegar a comienzos de la década de 1970, aunque la primera vez que aparece recogido en el Programa Oficial de la Feria de San Miguel es en 1973. Ese año actuó, en funciones de mañana y tarde, en una barraca instalada en el Real de la Feria desde el día 29 de septiembre hasta el 4 de octubre. Para entonces, Miguel Pino organizaba ya espectáculos completos que incluían la función de títeres, el reparto de premios entre los niños o la actuación de payasos... En 1974, Miguel Pino volvió a realizar toda la Programación Infantil de Feria, también en el Real de la Feria. En 1975 y 1976, se repitieron sus actuaciones matutinas y vespertinas durante todos los días de Feria, en el Cinema Central (situado en la Calle Trinidad). En 1977 Miguel Pino y Peneque estuvieron presentes en la Feria de Úbeda los días 29 y 30 de septiembre y 1 de octubre, actuando en el patio del Hospital de Santiago, cerrado como centro hospitalario desde un año antes. En 1978 el patio del Hospital de Santiago sirvió, nuevamente, como centro de las aventuras de Peneque “El Valiente”, y Miguel Pino volvió a estar presente desde San Miguel hasta San Francisco.

Vienen después unos largos años en los que el Ayuntamiento transforma el contenido de la programación infantil, dejando a un lado el formato de espectáculos de la Compañía de Miguel Pino y apostando por cosas más innovadoras, como las funciones de cine infantil. Habría que esperar hasta 1992 para que Peneque volviese a Úbeda. En las actuaciones de entonces, el formato era básicamente el de la década de 1970: títeres, disfraces, regalos, payasos... Miguel Pino volvió a estar presente en las ferias de 1993, 1994, 1995, 1996 y 1999, en todas ellas con un mínimo de dos días de actuación. Y luego, otro paréntesis en que los niños de Úbeda no pudieron disfrutar de las aventuras de Peneque, hasta que en 2007 vuelve la Compañía de Miguel Pino, ya dirigida por sus hijos Miguel y Antonio. En 2010, 2011 y 2012 Peneque ha estado presente en todas las Ferias, repitiendo en los niños de Úbeda las mismas emociones que ya provocó en sus padres allá por la década de 1970.




Peneque “El Valiente” es un ejemplo perfecto de la versatilidad y universalidad de los títeres. Han pasado por él más de 50 años, y no ha envejecido, demostrando una capacidad asombrosa de adaptación: “son muchos los padres que se acercan y me saludan diciéndome que vieron a Peneque de pequeños, y hoy traen a sus hijos... ¡Hay algo más grande para un artista!”, señalaba el viejo titiritero en 2009. O tal vez ocurre que no es que Peneque se adapte a los niños sino que la infancia es, básicamente, la misma a pesar del paso de los años, tal y como señalaba Juan Pasquau al indicar que si la Feria y sus cosas son para los adultos repetición, son siempre novedad para los niños porque los niños son nuevos cada Feria. Esa es, tal vez, la lección última que podemos sacar de Peneque “El Valiente”: que la diversión de los niños no necesita de grandes artefactos ni explosiones tecnológicas, y que está garantizada con los malentendidos intencionados que provoca la Compañía de Miguel Pino y con los tarascazos que se pegan Peneque, el rey Fantasías, el profesor Tivolín o la princesa Linda, unos muñecos de cartón piedra que llevan divirtiendo a los niños de España desde hace más de cincuenta años al grito de “Peneque, Peneque, dónde te metes”.

El fenómeno Peneque ha hecho que con motivo del 50 Aniversario de su nacimiento, en 2009, el Rey, el Presidente del Gobierno y decenas de presidentes autonómicos y alcaldes de toda España se sumasen con sus felicitaciones al homenaje que Málaga tributó a Miguel Pino y a Peneque “El Valiente”, reconociendo el impagable trabajo que Miguel Pino había hecho para que “gracias a las aventuras de Peneque El Valiente el público haya podido descubrir en sus ciudades, pueblos y aldeas otros mundos imaginarios y de ilusión”, según reza la felicitación del entonces Presidente del Gobierno. El fenómeno Peneque se ha traducido, igualmente, en que su canción sea una de las melodías infantiles más populares del país, adaptada por decenas de bandas de música y agrupaciones musicales para sus pasacalles, y que el Títere Peneque –“una marioneta que es capaz de conmover corazones”– cuente con más de una docena de monumentos en toda España, uno de ellos en la vecina Quesada.