Los Cerros del Teatro me llevan a Úbeda.

Los Cerros del Teatro te llevan a Úbeda.
Los Cerros del Teatro nos llevan a Úbeda.

EUSEBIO CALONGE


domingo, 14 de octubre de 2012

LA LENGUA EN PEDAZOS





Teresa está sentada. En el teatro resuena sólo el golpe monótono del cuchillo cuando cae sobre la mesa tras haber partido la cebolla. Entra en la cocina un oficial de la Inquisición: viene a juzgar la obra que Teresa de Jesús ha principiado al abandonar el monasterio de la Encarnación para fundar el de San José —cuna de la reforma carmelitana—, viene a cortar de raíz la protesta espiritual del recién nacido Carmen Descalzo. Habla el Inquisidor y Teresa se encoge con temor, que está arrugada incluso cuando se pone de pie con su pobre indumentaria de monja que rechaza la vida lujosa de las carmelitas calzadas. Se le nota a Teresa el miedo en la voz, vacilante: sabe que el Inquisidor tiene poder suficiente para enviarla al potro de tortura y a la hoguera si se niega a volver a la obediencia del Carmen Calzado.

Y sin embargo la voz trémula de Teresa va rompiendo poco a poco el discurso pétreo con el que el Inquisidor quiere acorralarla para que renuncie a su proyecto. Más aún: el Inquisidor quiere doblegarla, partirla, vencerla, porque intuye en Teresa una amenaza terrible para el poder establecido, para la religión cosificada y ritualizada que reduce la fe a mercadeo de almas. Pero Teresa se revuelve: su voz es la de una mujer que conoce el duro papel que obliga el mundo a representar a las mujeres y que, sin embargo, no se resiste a aceptar ese sometimiento ni esa humillación. La carne de Teresa tiene miedo y tiembla, pero su voz suena pura, decidida. “A poco que hagamos las mujeres, se juzga exceso lo que hagamos”, dice Teresa cuando el fuego que abrasa su interior ha consumido todos los argumentos del Inquisidor. “Nos tiene el mundo acorraladas, mariposas cargadas de cadenas” recita Teresa cuando las palabras sin alma del Inquisidor no han bastado para doblegar su voluntad radicalmente libre, que sólo el tormento y la muerte podrían apagar ese ansia de elevación. Pero el Inquisidor no está dispuesto a llegar tan lejos: él es un hombre de seguridades, un puro de certezas inquebrantables capaz de hundir el mundo si así lo manda la ortodoxia, él cree que el sufrimiento se justifica si redime; pero él no va a llevar a Teresa a la hoguera, porque cree que su locura espiritual es ya una condena y que poco a poco se irá quedando sola en su Carmen Descalzo. Al final de la obra, el Inquisidor piensa que su decisión —dejar a Teresa sola con su “pequeño Dios”, para que sola muera— es un castigo terrible contra la monja rebelde, pero la única realidad es que Teresa y su espíritu indomable han vencido al Inquisidor.

Este es el argumento de La lengua en pedazos, una obra de Juan Mayorga que representó en Úbeda el 1 de octubre, con una interpretación sobrecogedora de Clara Sanchís y de Pedro Miguel Martínez.. Ha escrito Mayorga un texto bellísimo, que destila clasicismo y amor por la lengua y que contiene un mensaje demoledor, incómodo para los que nunca se cuestionan nada, un mensaje urgente y actual. La lengua en pedazos es una obra de temática religiosa, un intento de renovación eclesial —“la Iglesia ha de ser casa de iguales”—, un intento de hacernos ver que el único Dios verdadero es el que, estando entre pucheros, se enreda en la maquinaria de nuestra vida cotidiana y se nos hace cercano al corazón, un Dios pequeño que entiende las palabras pequeñas de nuestro día a día. Pero la obra de Mayorga es sobre todo un pregón de humanidad, una reivindicación del papel transformador de la mujer, una proclama a favor del derecho a dudar y del derecho a ser libres y a luchar por un mundo hecho a imagen de los justos. La lengua en pedazos sirve para estos tiempos negros en los que hay que defender el pan y la alegría de la furia de los inquisidores: “La lengua está en pedazos y es sólo el amor el que habla”. Es Teresa, que se dirige a nosotros, que estamos hechos pedazos, y se nos pone como ejemplo para que no escuchemos los cantos de sirena del poder, porque vivimos un tiempo en que “se llama desorden a lo que es espíritu”.

(MANUEL MADRID DELGADO, Diario IDEAL, 12 de octubre de 2012)

sábado, 13 de octubre de 2012

EL TEATRO UN AÑO MÁS





Un año más la obra está lista, el estreno es inminente. Murmullos emocionados flotan en el aire. La farsa se adorna con palabras hermosas, saineteras, dramáticas y cómicas. Los actores, nerviosos, saben que encima del escenario todo es verdad y que la última mentira, tal vez, se encuentra escondida en el patio de butacas.

Un año más gallitos carteles anuncian la temporada de teatro desde el frontispicio del Ideal Cinema. Tienen la reverberación ilusionada de la noticia, no por repetida menos mágica, de que ha llegado a Ubeda lo más real de su feria. Digo esto porque hace unos días me desconcertó leer en el periódico que a las nuevas generaciones de españoles, entre los que se incluyen algunos intelectuales, no les gusta el teatro porque no se lo creen. Parece ser que una obra de teatro les parece más increíble que una multimillonaria producción de cine llena de efectos especiales. Bien sabe el sabio que todo es posible y sólo los necios piensan que no.

Haciendo un ejercicio de comprensión, a mí me parece que lo que no se creen estos primos es el hecho teatral en sí mismo. Es decir, les parece una cosa poco racional que unas personas, a las que probablemente conocen, se suban a un escenario y les cuenten una historia, así por las buenas, delante de sus narices. Parece ser que esta cercanía provoca que la historia se vuelva inverosímil, Deberían darse cuenta de que lo más verdadero que tenemos, la vida misma, la llevamos pegada a la piel.

Me temo que en el mundo del espectáculo se ha descartado ya cualquier interés imaginativo en favor de la evidencia más insolente. El cine es esencial en mi vida, pero reconozco que el teatro me permite gozar más serena y seguramente más lúcidamente de las historias. Alguno de los mejores ratos que he pasado han sido en el Ideal Cinema viendo las obras de las compañías locales, porque me da lo mismo que los actores sean vecinos míos y que lo haya visto una hora antes del estreno atendiendo a su negocio o paseando por la calle, lo que verdaderamente me importa es el grado de pasión y de entrega que emplean en darle vida a sus personajes. Si además tenemos en cuenta que la única recompensa que tienen es que vayamos a verlos, esa verdad de la que hablo se hace a todas luces incuestionable.

¿No están ustedes hartos de tanta mentira? Llevamos meses, años enteros, metidos hasta el cuello en el fango de las falsedades. Por eso, déjenme al menos creer en algo fiable o mejor aún, comprémonos todos la entrada, sentémonos en nuestra butaca y creamos juntos en la mentira verdadera de una obra de teatro.

(LUIS FORONDA, Diario JAÉN, 4 de octubre de 2012)

jueves, 11 de octubre de 2012

LA CABRA (O ¿QUIÉN ES SYLVIA?)





Cuando el 10 de marzo de 2002 se estrenaba LA CABRA (O ¿QUIÉN ES SYLVIA?) en el Golden Theatre de Nueva York, Edward Albee revolucionó, una vez más, el panorama teatral del mundo entero. Porque su obra no iba a dejar indiferente a nadie: no podía hacerlo, tan abrasador era el tema que trataba. Ya en 1962 Albee había escandalizado al público norteamericano con ¿Quién teme a Virginia Wolf? y antes del estreno de LA CABRA había escrito, desafiante, que por fin había escrito la función que lo iba a expulsar del teatro americano, porque se trataba de una obra destinada a conmocionar y molestar a cierto tipo de gente. La obra sin duda causó resquemor en todas las mentes bienpensantes, pero conquistó arrolladoramente a los públicos y a la crítica y en 2002 se hizo con todos los premios que se entregan en Nueva York a la mejor función teatral, incluyendo el Tony, el máximo galardón teatral norteamericano. Y la obra fue candidata al Putlizer, que finalmente no le fue concedido a Albee, ganador del más prestigioso premio del mundo en tres ocasiones.

A partir de ese momento, la obra comenzó a girar por medio mundo, cosechando, a partes iguales, éxitos clamorosos y protestas de los espectadores más noños, que no podían soportar el reto lanzado por Albee, esa deconstrucción de la naturaleza humana de manera devastadora, absurda y provocativa. El más prestigioso crítico teatral británico escribió que se trataba de una obra potente y muy emocionante que lo había dejado hecho polvo.

En España, la obra se estrenó en 2005 bajo la dirección de José María Pou, que había traducido el texto de Albee al catalán y el español. Como había ocurrido en el resto del mundo, se convirtió en un éxito teatral arrollador. El propio Pou dijo que LA CABRA es “una gran lección de teatro, una de las tragedias más grandes de la escena contemporánea.”

Ahora, después de un intenso y encomiable trabajo de traducción desde la versión original, Juan Enrique García-Blanca y el Pequeño Teatro Ubetense le ofrecen al público ubetense una nueva versión de la obra más subversiva y demoledora del teatro internacional del siglo XXI. Una cita ineludible para los que aman sin convenciones ni prejuicios las grandes pasiones que se despliegan sobre las tablas del escenario.

(LA CABRA (O ¿QUIÉN ES SYLVIA?), de Edward Albee –en una nueva versión española de Juan Enrique García-Blanca Roa– se representará en el Teatro Ideal Cinema el próximo sábado 13 de octubre, a las 21:00 horas)

miércoles, 10 de octubre de 2012

EDWARD ALBEE





Edward Franklin Albee es uno de los gigantes del teatro contemporáneo. Nacido en Washington D.C. el 12 de marzo de 1928, con tan solo dos meses de edad fue adoptado por uno de los grandes ejecutivos del teatro norteamericano, Reed A. Albee, propietario de la cadena de teatros de variedades y salas de cine Keith-Albee, y por su esposa Francis. Sus padres le dieron una gran formación intelectual.

Comenzó su carrera literaria escribiendo novelas y poesía, pero pronto se decantó decididamente por el teatro. En 1958 estrenó en la República Federal de Alemania Historia del Zoo. Se trata de una obra simple y muy enigmática que trata sobre la enorme dificultad de comunicación entre los seres humanos. Se ha señalado con justicia que esta obra de Albee recuerda “la desoladora dramaturgia de Ionesco y Beckett”. Ese tono sombrío y esa influencia del teatro europeo estaría presente en sus obras cortas La muerte de Bessie Smith y La caja de arena, escritas entre 1958 y 1959.

Sin embargo, el primer salto a la fama le llegaría con El sueño americano, escrita en 1959, una obra negativa e incluso nihilista –James Baldwin la calificó como “una pesadilla”–, que critica sin piedad la capacidad de alineación de la sociedad estadounidense. En El sueño americano Albee saca a escena el genio agrio y polémico que le acompañará ya durante el resto de su carrera y denuncia como el sueño americano y el ansia de libertad individual son corrompidos por el culto a los ídolos creados por el capitalismo y por la mercantilización de la existencia. Con estas primeras obras, Albee introduce en los Estados Unidos el teatro europeo del absurdo, adaptándolo a la realidad y mentalidad de su país, y reiventa en la década de 1960 –así lo reconocen todos los críticos teatrales– el teatro estadounidense de la postguerra.

Pero la consagración definitiva le llegaría en 1963 con el estreno en Nueva York de ¿Quién tema a Virgina Wolf?, considerada con toda justicia como una de las obras cumbres del teatro de todos los tiempos. En esta obra crudísima Albee ridiculiza el matrimonio burgués con un lenguaje “feroz y punzante”, consiguiendo que su obra se convierta en una de las menos complacientes para con el público de toda la historia del teatro. Pero, con esa paradoja que está presente en todas las obras de Albee, su obra también mueve a la compasión para con los personajes, que es por extensión una compasión para con todo el sufrimiento humano: “El drama humano y psicológico en que se ven envueltas las dos parejas protagonistas mueven a cualquier espectador sensible, a pesar de la dureza de los diálogos, a contemplar la obra con un dejo de piedad.” La obra alcanzó tal popularidad internacional, que en 1966 se hizo una versión cinematográfica de la misma, protagonizada por Richard Burton y Elizabeth Taylor.

En 1967 consiguió su primer Premio Pulitzer con Un equilibrio delicado. El segundo le llegaría en 1975 con Seascape y el tercero en 1994 con Tres mujeres altas, una obra que había escrito en 1991. Para entonces Edward Albee era ya un autor de culto entre los amantes del teatro de todo el mundo, estaba considerado el mejor dramaturgo de su generación junto con Williams y O’Neill y uno de los mejores autores de los últimos cien años, todo ello sin renunciar nunca a la provocación que levanta ampollas en las mentalidades pequeño burguesas y a su carácter rebelde y agrio. Ingredientes todo estos que condensó de manera auténticamente sublime en LA CABRA (o ¿QUIÉN ES SYLVIA?) , posiblemente su obra más perfecta, más dramática, más intensa, más provocativa. Más humana.

lunes, 8 de octubre de 2012

EL FENÓMENO PENEQUE





Los Programas Oficiales de la Feria de San Miguel de las décadas de 1960 y 1970 dan una de cal y otra de arena: hay años en los que detallan minuciosamente toda la programación, y otros en los que al final del Programa, tras centrarse en las actividades”más importantes”, dice sencillamente que habrá circos, compañías de teatro y otras actividades. Así, si más. Por eso los Programas de Feria no nos permiten saber cuándo comenzó realmente la relación de Úbeda con Peneque "El Valiente".

Los títeres habían tenido siempre un papel destacado en la Feria de Úbeda. Desde muy antiguo y hasta la década de 1950 se mantuvo la función de títeres de “la Santa Borracha”, que tenía lugar cada atardecer de Feria primero a la sombra de los muros del monasterio de Santa Clara y luego bajo los soportales del Ayuntamiento Viejo. En la década de 1960 el Ayuntamiento comienza a “preocuparse” por ofrecer actividades específicas para los niños durante la Feria de San Miguel. Y a partir de entonces se programan fiestas consistentes en fuegos artificiales y elevación de “globos y fantoches”, comienzan a venir a Úbeda las Marionetas de Talio y el Petit Guignol. ¿Cuándo viene por vez primera Miguel Pino con su Peneque?

Miguel Pino había comenzado a ganarse la vida con sus títeres en 1959, cuando Peneque tenía su propio programa en una radio pirata de Villanueva de la Serena. Poco después, cuando se dio cuenta del potencial de sus títeres, él y su mujer, con su coche y sin una peseta, se ponían en la puerta de los colegios para actuar delante de los niños que salían de clase. Poco a poco, fue creciendo el fenómeno Peneque y en los años 70 era ya un clásico de las programaciones infantiles en muchos lugares de España. Poco antes de morir, en 2009, señalaba Miguel Pino –un “extremeño de porte aristocrático” afincado en Málaga desde muy joven– que “los programas que hacen hoy en la tele los hacía yo en la radio, y por ciudades y pueblos en directo, junto con las marionetas que participaban en el programa”.

A Úbeda, Miguel Pino debió llegar a comienzos de la década de 1970, aunque la primera vez que aparece recogido en el Programa Oficial de la Feria de San Miguel es en 1973. Ese año actuó, en funciones de mañana y tarde, en una barraca instalada en el Real de la Feria desde el día 29 de septiembre hasta el 4 de octubre. Para entonces, Miguel Pino organizaba ya espectáculos completos que incluían la función de títeres, el reparto de premios entre los niños o la actuación de payasos... En 1974, Miguel Pino volvió a realizar toda la Programación Infantil de Feria, también en el Real de la Feria. En 1975 y 1976, se repitieron sus actuaciones matutinas y vespertinas durante todos los días de Feria, en el Cinema Central (situado en la Calle Trinidad). En 1977 Miguel Pino y Peneque estuvieron presentes en la Feria de Úbeda los días 29 y 30 de septiembre y 1 de octubre, actuando en el patio del Hospital de Santiago, cerrado como centro hospitalario desde un año antes. En 1978 el patio del Hospital de Santiago sirvió, nuevamente, como centro de las aventuras de Peneque “El Valiente”, y Miguel Pino volvió a estar presente desde San Miguel hasta San Francisco.

Vienen después unos largos años en los que el Ayuntamiento transforma el contenido de la programación infantil, dejando a un lado el formato de espectáculos de la Compañía de Miguel Pino y apostando por cosas más innovadoras, como las funciones de cine infantil. Habría que esperar hasta 1992 para que Peneque volviese a Úbeda. En las actuaciones de entonces, el formato era básicamente el de la década de 1970: títeres, disfraces, regalos, payasos... Miguel Pino volvió a estar presente en las ferias de 1993, 1994, 1995, 1996 y 1999, en todas ellas con un mínimo de dos días de actuación. Y luego, otro paréntesis en que los niños de Úbeda no pudieron disfrutar de las aventuras de Peneque, hasta que en 2007 vuelve la Compañía de Miguel Pino, ya dirigida por sus hijos Miguel y Antonio. En 2010, 2011 y 2012 Peneque ha estado presente en todas las Ferias, repitiendo en los niños de Úbeda las mismas emociones que ya provocó en sus padres allá por la década de 1970.




Peneque “El Valiente” es un ejemplo perfecto de la versatilidad y universalidad de los títeres. Han pasado por él más de 50 años, y no ha envejecido, demostrando una capacidad asombrosa de adaptación: “son muchos los padres que se acercan y me saludan diciéndome que vieron a Peneque de pequeños, y hoy traen a sus hijos... ¡Hay algo más grande para un artista!”, señalaba el viejo titiritero en 2009. O tal vez ocurre que no es que Peneque se adapte a los niños sino que la infancia es, básicamente, la misma a pesar del paso de los años, tal y como señalaba Juan Pasquau al indicar que si la Feria y sus cosas son para los adultos repetición, son siempre novedad para los niños porque los niños son nuevos cada Feria. Esa es, tal vez, la lección última que podemos sacar de Peneque “El Valiente”: que la diversión de los niños no necesita de grandes artefactos ni explosiones tecnológicas, y que está garantizada con los malentendidos intencionados que provoca la Compañía de Miguel Pino y con los tarascazos que se pegan Peneque, el rey Fantasías, el profesor Tivolín o la princesa Linda, unos muñecos de cartón piedra que llevan divirtiendo a los niños de España desde hace más de cincuenta años al grito de “Peneque, Peneque, dónde te metes”.

El fenómeno Peneque ha hecho que con motivo del 50 Aniversario de su nacimiento, en 2009, el Rey, el Presidente del Gobierno y decenas de presidentes autonómicos y alcaldes de toda España se sumasen con sus felicitaciones al homenaje que Málaga tributó a Miguel Pino y a Peneque “El Valiente”, reconociendo el impagable trabajo que Miguel Pino había hecho para que “gracias a las aventuras de Peneque El Valiente el público haya podido descubrir en sus ciudades, pueblos y aldeas otros mundos imaginarios y de ilusión”, según reza la felicitación del entonces Presidente del Gobierno. El fenómeno Peneque se ha traducido, igualmente, en que su canción sea una de las melodías infantiles más populares del país, adaptada por decenas de bandas de música y agrupaciones musicales para sus pasacalles, y que el Títere Peneque –“una marioneta que es capaz de conmover corazones”– cuente con más de una docena de monumentos en toda España, uno de ellos en la vecina Quesada.

sábado, 6 de octubre de 2012

SAN FRANCISCO JUGLAR DE DIOS





Dario Fo es un gigante del teatro contemporáneo. Autor y actor que bebe en las fuentes de la juglaría medieval, se ha destacado como uno de los dramaturgos más importantes de la historia y como uno de los más incómodos para el poder: paradigmáticas son sus proclamas contra la mafia, la Iglesia Católica, el poder político y la gran empresa italiana (sus obras eran constantemente censuradas en la televisión italiana de los años 60), que casi al unísono mostraron su malestar cuando en 1997 le fue concedido por la Academia Sueca el Premio Nobel de Literatura.

Obras suyas como Muerte accidental de un anarquista (1970), Aquí no paga nadie (1974) o Misterio Bufo (1998) se encuentran entre las obras cumbres del teatro de todos los tiempos. En SAN FRANCISCO JUGLAR DE DIOS, Dario Fo bebe directamente en las fuentes poéticas de la Italia medieval y, como un cántico a los juglares y a su libertad creadora, exalta la figura del santo más representativo de la humanidad evangélica. Magníficamente traducida al español por Carla Matteini, Rafael Álvarez “El Brujo” rinde con esta obra un homenaje a Dario Fo, a quien considera su maestro como actor y creador y de quien aprendió ese amor por las grandes figuras clásicas, que son imperecederas por retratar la vida sin importar el paso de los años.

Sobre esta obra, que marca una de las cumbres interpretativas de “El Brujo”, dice el propio Rafael Álvarez:

Cada vez creo más que no existe la casualidad en esta vida. Sé que con este nombre a veces encubrimos algo que nosotros mismos sabemos que encierra un significado importante, pero extraño y nunca del todo descifrado. ¿Por qué razón yo acabé dedicándome al teatro si estudié Derecho y trabajé en tantas cosas diferentes antes de hacerlo? Dario Fo fue uno de los autores de mis primeros años; Tenía dos pistolas de ojos blancos y negros y Aquí no pasa nadie fueron obras en las que me formé como actor en aquellos primeros años. Esto es sin duda una “casualidad”, ya que viéndole actuar a él solo en el escenario descubrí lo que yo mismo quería hacer en el teatro: autosuficiencia. Poder ser el actor y la obra al mismo tiempo. ¡Ser un juglar! A él le oí utilizar esta palabra por primera vez con un significado especial y nuevo para mí.

Ahora el juglar de Europa se fascina con San Francisco de Asís, el juglar de Dios y como Oscar Wilde y tantos poetas benditos y malditos, se conmueve con la belleza y la magia de la película de Rosellini sobre él; se pone a investigar y escribe un monólogo fabuloso. Y a mí –juglar de España (al menos uno de ellos)– me toca representarlo por estos caminos que tan trillados tengo con los monólogos y los textos clásicos.

Pero esto es diferente. Este texto es un regalo de la Providencia como diría el Poverello de Asís, porque la verdad, está lleno de belleza, de ingenuidad y de candor pero con el punto inteligente y ¿pícaro? que sobre su figura aporta la investigación de Dario Fo.

En este momento una ráfaga de luz renacentista ilumina mi vida. Me encomiendo al Santo y también, ¿cómo no?, a Dario Fo. Los gallegos dicen “Dios es bueno y el diablo non es malo”.

Tan bien lo sabía el Santo que cuando lo apalearon los diablos por dormir varios días en casa de un cardenal, dijo que aquellos obraban por delegación del divino para poder impedir que él se acomodara y dejara el estrecho camino que se le había encomendado. Espero que algo de su fe en el poder redentor del AMOR y la BELLEZA nos toque a nosotros y a ustedes, el respetable público. ¡Verán que impresionante es esto!

Realmente el espectáculo es impresionante. Tras su estreno, Eduardo Haro Tecglen escribió en El País que “el espectáculo rebosa inteligencia.” Julio Castro, escribía por su parte en La República Cultural, que se trata de una “obra muy recomendable, especialmente para los seguidores de Darío Fo, pero también para pasar un rato divertido e interesante.” Y el crítico José Ramón Díaz Sande ha dicho del SAN FRANCISCO JUGLAR DE DIOS que “La interpretación de Rafael Álvarez, El Brujo es, como en otras ocasiones, magistral y humana. Está muy lejos de ser un texto recitado al estar interrumpido, inteligentemente, por apostillas, anécdotas y alusiones actuales o cierta interacción con el público.”

(SAN FRANCISCO JUGLAR DE DIOS se representará esta noche, a las 21:30 horas, en el Teatro Ideal Cinema)

viernes, 5 de octubre de 2012

PLENO DE ACTORES Y ACTRICES


En tiempos de Antero Guardia, los aficionados al teatro conocían a los actores bien por su propia condición de actores de teatro bien su participación en películas que veían en los cines de la época. En nuestros tiempos, es la televisión la que nos hace conocidos a los actores y a fuerza de ver a muchos de ellos en las pantallas que presiden nuestros salones casi casi los consideramos como de la familia. Por eso, las obras de teatro que cuentan con un plantel de actores “televisivos” suelen garantizarse una afluencia de público más que notable. Los “famosos” son un auténtico revulsivo para la taquilla, independientemente del contenido o sentido de la obra.

Por suerte, este viernes y este sábado la Muestra de Teatro de Otoño contará con dos obras de teatro excepcionales: excepcionales por su calidad artística y excepcionales por la nómina de actores famosos con que cuentan.



Esta noche, en el Teatro de SA.FA. y bajo la dirección de Yllana se representará EL APAGÓN (BLACK COMEDY), una de las grandes comedias de la temporada teatral en España. El cartel está copado por caras conocidísimas para el gran público. Tal vez la menos conocida de todas sea Carmen Barrantes, una jovencísima actriz que ha trabajado sobre todo en el teatro. No ocurre lo mismo con Aurora Sánchez, que se ha colado en las casas de los ubetenses gracias a series como Ana y los siete, El botones Sacarino y Lalola o películas como Clara y Elena. Pero donde Aurora Sánchez se ha labrado un merecido prestigio como actriz de primera línea ha sido sobre las tablas de los teatros de España, donde ha participado en docenas de montajes, algunos tan relevantes como La Casa de Bernarda Alba, Luna de miel en Hiroshima, Te quiero muñeca o Viento contra viento.

Paco Churruca también necesitó de la televisión para que sólida carrera como actor teatral (ha sido protagonista de obras como Crisis, Usted tiene ojos de mujer fatal o La ratonera) se viera compensada por el cariño del gran público. Y ello fue posible gracias a su presencia en series tan populares como Aquí no hay quien viva, Aída, La que se avecina, Hospital Central, El Comisario y, sobre todo, en Amar en tiempos revueltos, donde interpretaba al inspector Manzanares.

Diego Molero, que se autoproclama “cómico o actor de comedia”, ha jugado un papel importantísimo para convertir la versión de Tricicle de La venganza de Don Mendo en un éxito incontestable del teatro español de los últimos meses. Su rostro es conocido de todos por participar en series como 2 de mayo o Los 80, y sobre todo por su participación en El Comisario.

Y Thais Curiá es uno de esos rostros que forman parte del paisaje cotidiano de los telespectadores españoles. El Comisario, Jugar y Ganar, La vida de Rita, Los Borgia y sobre todo la popularísima Cuéntame cómo pasó son sólo algunas de la series en las que ha protagonizado destacados papeles.




Pero de entre todos los actores que conforman el plantel de EL APAGÓN, ninguno tan conocido (y querido) como Gabino Diego, que derrocha simpatía y profesionalidad. Forma parte del panorama cultural español de los últimos treinta años por su participación en películas tan relevantes artística o socialmente como Las bicicletas son para el verano de Jaime Chávarri, El viaje a ninguna parte de Fernando Fernán Gómez, ¡Ay, Carmela! de Carlos Saura (por la que obtuvo un Goya), El rey pasmado de Imanol Uribe donde hizo una mítica interpretación de un joven Felipe IV, Belle Epoque de Fernando Trueba (ganadora de un Óscar), Los peores años de nuestra vida de Emilio Martínez Lázaro, El amor perjudica seriamente la salud de Manuel Gómez Pereira, La hora de los valientes del mítico Antonio Mercero (por la que obtuvo su segundo Goya) o por su papel como Cuco en las taquilleras versiones de Torrente de Santiago Segura. Por méritos propios, Gabino Diego es uno de los más reconocidos actores españoles de los últimos treinta años, y ya estuvo presente en Úbeda con Una noche con Gabino el domingo 26 de noviembre de 2006, haciendo que el público pasase uno de los ratos más divertidos que se recuerdan en el teatro ubetense de los últimos años.

Todo esto lo anterior por lo que respeta a EL APAGÓN.



Pero es que mañana sábado, en el Teatro Ideal Cinema, el público ubetense tiene una cita ineludible con uno de los grandes del teatro español de todos los tiempos: Rafael Álvarez “El Brujo”, que tiene sobre sus espaldas un número incontable de reconocimientos a su incansable e incontestable labor artística, de entre los que destaca la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes. “El Brujo” no es nuevo en las tablas del Ideal Cinema. De hecho ha estado presente en nuestro teatro en multitud de ocasiones. Debía haber debutado en Úbeda el 28 de septiembre de 1992 con El Pícaro, aventuras y desventuras de Lucas Maraña, pero la obra tuvo que suspenderse en el último minuto (con el teatro lleno hasta la bandera) porque la escuadra de esgrima que participaba en el espectáculo consideró que el pequeño escenario del Ideal Cinema no reunía las condiciones necesarias para actuar con seguridad y el espectáculo tuvo que suspenderse: "El Brujo" tuvo que salir del Ideal escoltado por la guardia civil y entre los insultos airados de los espectadores que se habían quedado compuestos y sin brujo. Tras ese jarro de agua fría sobre el público ubetense, "El Brujo" debutó finalmente en Úbeda  el 30 de septiembre de 1995, cuando representó La sombra del Tenorio, de Alonso de Santos; el 5 de octubre de 1997, en una función antológica, representó el mítico El Lazarillo de Tormes de Fernando Fernán Gómez, una de sus obras más populares y celebradas; el día de San Miguel de 1998 El Contrabajo, de Süskind; el 28 de septiembre de 2003 representó Una noche con El Brujo; el 29 de septiembre de 2008 estuvo en el Ideal con Los misterios del Quijote; y el 3 de octubre del año pasado, en una representación realmente antológica, puso en escena El Evangelio de San Juan. Mañana, representará una de las obras que más han elevado su categoría de actor mítico: SAN FRANCISCO JUGLAR DE DIOS, de Darío Fo.

Ciertamente, la XVIII Muestra de Teatro de Otoño guarda todavía muchas pequeñas joyas, muchos regalos, muchas obras imprescindibles para el público ubetense.